Textualmente voy pa' Quellón este lunes, en viaje de trabajo. Aprovechando entonces el mega-apagón del sábado, le hablé a mi Sr. esposo acerca de las marisquerías que me habían recomendado y la forma en que pensaba engullir un choro zapato, cuando a la luz de las velas pude advertir en su cara una expresión de desazón. Su angustia era tal que luego de un silencio, le propuse almorzar el domingo en Concón.
Cuando queremos pastas con mariscos, vamos a Labutiq. Cuando queremos ir a la segura, vamos donde Don Chicho. Calypso no da el ancho y para qué halar de La Gatita y el misterio sin resolver de la gente que hace fila para esperar una mesa. Entonces decidimos ir a un lugar intrigante: EL RESTAURANT DEL GIGI.
Ubicado en Higerillas, este lugar cuelga del cerro con un aire rústico. Subimos una pequeña escala y tuvimos esa suerte que pocas veces se da, de encontrar desocupada una mesa para dos justo en la terraza vista al mar. La terraza es al aire lire y de madera. Si los cables fueran soterrados, sería perfecto, pero bueno, estamos en Chile. Rápidamente notamos que todos los que atienden visten el mismo estilo, el estilo Gigi, por supuesto, quien cocina, atiende, saluda, da consejos, conversa y explica los platos a quienes lo quieran oír. Estilo relajado, familiar y medio hippie, pero a la vez muy eficiente. Vienen pronto a atendernos, ponen la mesa con velocidad del rayo.
I. Entradas y Appetizers
Traen panera con 3 pancitos redondos calientes, mantequilla y una suerte de salsa con sabor pebre con mariscos. Raro, rico, pero nada del otro mundo. Pedimos una coca cola, una Kunstmann Bock, y canapés del Gigi. Habían en 3 tamaños y el chico que nos atendió nos trajo el pequeño, ya que pretendíamos pedir plato de fondo. Eso fue un absoluto acierto: los canapés no eran precisamente canapés de matrimonio, sino casi tapas: en pan cortado en transversal, centolla, salmón, locos, ostiones, generalmente acompañado con alguna salsa que acentuaba el sabor de cada marisco. También calugas de pescado rebosado. Exquisito, y bastante abundante, pedir el grande de este plato debe ser suficiente para 2 en la noche, por ejemplo.
II. Platos de Fondo
La verdad es que pedir es bien difícil puesto que la carta es de lo más variopinta. Tanto que llama a la confusión. Los precios me espantaron un poco, pero en fin, como casi todo costaba igual, no era parámetro elegir por precio. Pido chupe especial y Sebastián Congrio frutto di mare con un toque de pasta, para lo cual elige ñoquis. Se demoran muy poco en traer los platos humeantes. Curiosamente ámbos platos traían una salsa de igual textura y color, pero de sabor eran totalmente diferentes. El plato de Sebastián tenía un exquisito sabor a queso parmesano y los ñoquis se derretían en la boca. Impresionante. Mi chupe (en paila de greda) era de lo mejor que he probado en chupes: muy suave, trozos de mariscos (loco, jaiva, camarón, machas, ostión) en una pasta de marisco desmenuzado. Jamás sentí sabor a pan, de hecho me pregunto si tendría pan o era sólo marisco.
III. Postres
Francamente no me cabía ni un granizado, pero Sebastián invitaba e insistió. No quería comer porque había quedado muerta con el chupe, que era bien pesado, y los postres no se leían refrescantes, sino por el contrario, eran pie, tartaletas o bizcochos acompañados con helado. Para no ser mala onda con el macho en su carácter de proveedor pido lo que parecía menos seco: medallón de piña acaramelada con frutas. Mi Seba, siempre fiel a su estilo, pide el postre que más parece diseñado para el infarto a los 40 años: bizcocho de chocolate con salsa de frutos secos. Su postre era un bizcocho bañado en una densa salsa de manjar y chocolate, bañada en granola. afortunadamente traía helado, para poder tragar mejor que en el desierto. Mi postre era una daja grande de piña acaramelada con trozos de diversas frutas encima, con una salsa de caramelo al damasco; parecía una piña "pasada" como sopaipilla. Super rico, pero era como una piña a lo pobre. Estoy segura que los postres que pedimos tenían más calorías que los platos de fondo... y los canapés.
Si ud. espera un plato pequeño y refinado al son de Bach, este no es el lugar. Si ud. quiere comer rico, relajado, al aire libre, y sintiendo que es un restaurant atendido realmente por su dueño (la cocina es tipo americana y desde ahí Gigi se comunica con los meseros y también con los clientes, es muy gracioso) tiene que venir.
Lo bueno: Aire lire, vista al mar, platos abundantes y ricos, rápida atención, ambiente familiar.
Lo malo: Es un poco carito. No hay postres refrescantes. Hay que bajar al quisco más cercano y comprar agua mineral para no disecarse después de comer.
Calificación: Volveremos.
Cuenta: $33.000
Restaurant Del Gigi
Av. Borgoño 21380, Concón
domingo, 25 de septiembre de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
Tongoy a la Carta
Mientras todos salen de vacaciones, los tenedoristas se quedan trabajando, sudorosos entre escrituras, demandas y documentos varios, soportándolo todo con el fin de esperar su ansiada luna de miel en mayo. Afortunadamente, tanto esfuerzo dio frutos inesperados y mi jefe me regaló DOS días libres. Ante lo cual Sebastián tuvo que pedir DOS días de vacaciones, ipso facto.
Atendida la cantidad de días totales (jueves a domingo) me rebané el hipotálamo hasta que encontré un lugr bonito relativamente cerca: Playa Blanca, Tongoy. Obviamente cuando llamé 5 días antes de irnos estaba todo reservado, lo que nos llevó a Tongoy mismo.
Como a nuestros lectores no les interesa saber cómo luce mi Seba en zunga, iré directo al grano: DONDE COMER EN TONGOY.
Primera noche, recién llegados y dado que era "San Sebastián", invité yo y el festejado eligió "La Picá del Veguita", uno de los tantos restaurantes frente a la playa grande, cerca del muelle. Para que fuera más romántico, subimos al segundo piso, al aire libre y vista al mar. Pedimos para picar, y ya que esta es la "capital del Ostión", ostiones a la parmesana. Debo decir que lo que nos traen no es precisamente lo que pedimos: es un cuenco de greda con ostiones calientes en jugo, con queso rallado espolvoreado. Lo miramos feo. Lo probamos y uffffffff...........EXQUISITO. Los ostiones tiernos, el jugo delicioso...quién querría queso?. Como es costumbre cuando yo invito, Sebastián pide el plato más caro: "Chupín Veguita" y yo un "Jardín del Mar", en honor a nuestro barrio, que corresponden a lo que en la V región llamamos "Chupe de ostiones, locos y camarones" y un "Jardín de Mariscos", respectivamente. Lamentablemente el Chupín no era bueno. Parecía una crema, más que chupe, sin consistencia, con los mariscos en trozos. Además daba la impresión que tenía caldo de carne, u otro aliño que hacía desaparecer el sabor a marisco. Por mi parte el jardín muy bueno, hasta con un camarón de río. Tenía muchísimos piures, algo poco común en la V región, y tantos ostiones que, con lágrimas en los ojos tuve que dejar, para evitar alguna escena poco prudente para los demás comensales. Los precios medianos, no era caro, pero tampoco una picada.
El 2o. día lo pasamos en Playa Blanca, por lo que volvimos en la quiebra ($10.000 estacionamiento, $1000 un chocolito... y comprar amortiguadores nuevos...) y sólo nos animamos a unas empanadas, en el lugar más famoso "La Pink". Sí, el nombre es como "La calor", pero en fin. Nos atiende una garzona muy simpática que habla como rapera. Pedimos...obvio, empanada de ostiones y luego empanadas de locos. Es verdad que son buenas, pero francamente, para los que saben de lo que hablo, Emeterio en Concón sigue siendo inigualable en cuanto a empanadas.
Al día siguiente, al desayuno, vamos a visitar el mercado del muelle, donde las ostras y ostiones están vivas y textualmente "saltando" en unas piscinas-lavatorios. Uno pide el plato y las faenan ahí mismo. Te las comes ahí mismo. No digamos que la niña que las faena es distinta que la que te pasa el vuelto...pero en fin, hay que mentalizarse en rechazar los bichos. Y así me comí 6 ostras japonesas (gigantes, las del Jumbo parecen caracoles al lado de estas) con completa felicidad. Esto lo repetí once y desayuno los demás días. TAmbién probamos el ceviche (muy bueno) a luca y el mariscal al mismo precio (regular, de puras sobras...jajaja claro por ese precio esperaba caviar). Debemos dejar en claro que NO MORIMOS.
La noche del sábado, que sería nuestra última noche en Tongoy, después de jugar la lotería con maíz y subirnos a una cuncuna con dientes que oficiaba de montaña rusa (que claramente era apta sólo para niños, ya que a Sebastián no le cruzó el seguro...) fuimos a un lugar recomendado: el "Negro el Cero". Una verdadera picada. Entramos a un lugar (también de esos frente a la playa grande) que parecía fonda, pedimos machas a la parmesana. Nos sorprende que el precio no es de picada. Traen las machas que son 2 X 1 es decir, en cada concha de macha, vienen 2 y hasta 3 lenguas...........o sea, si era precio de picada. Luego pido un chupe de jaiva y Sebastián que es amante de lo light, pide un congrio frito con salsa margarita. Mi chupe estaba de pelos y Sebastián estaba con ojos largos cuando llegan 2 garzonas, una con un plato con 2 medallones de congrio frito, gigantes, y la otra con una paila de greda con salsa blanca con mariscos. Sus ojitos brillaron, hicimos un brindis por lo bien que lo estábamos pasando, y no le oí más la voz hasta que la paila y el plato quedaron vacíos.
Supondremos que estaba bueno. o no?
Tongoy en Enero
Lugares testeados "La picá del Veguita", "La Pink", "El negro el Cero" y un lugar en el centro con un pelado donde nos cobraron 5 lucas por dos empanadas malas y una coca cola, pero no recordamos el nombre (o no queremos recordarlo!).
domingo, 29 de agosto de 2010
Gracias, CARUSO
Hace un par de semanas con mi señor esposo, destinamos un día fomingo (para que no fuera tan fome...) a disfrutar de los primeros rayos más cálidos del año en un grato almuerzo. Nos dirigimos así con destino a ConCon, donde nuestro primer acto fallido fue no ir a Butiq, un restaurant pequeño y probadamente bueno de pastas y mariscos. Pensamos, una vez más erróneamente, que el lleno de un restaurant es indicador de su calidad (ya nos ensartamos una vez con La Gatita, pero somos porfiados), y esperamos mesa en El Emeterio, lugar de excelentes empanadas...y donde sólo volveré a comer empanadas, porque creo que han sido las 25 lucas peor gastadas (siempre después de Jaiba&Cordero) de nuestra existencia matrimonial. Tanto así, que ni aun pude animarme a hacer una referencia, porque de los platos que comimos, sólo recordamos su exhorbitante precio y tamaño, pero NADA sobre su nombre, ingredientes ni mucho menos, sabor.
El sábado, aunque Ud. no lo crea, Sebastián tuvo que ir a trabajar. Se vendió vilmente por unas pocas lucas y para evitar conflictos (es que es TAN bueno, el gordi), ofreciendose a trabajar solo para que ciertos españoles sigan siendo millonarios. Como esposa geisha que soy, le llevé almuerzo y lo acompañé toda la tarde mirando el mar. Pero en la noche cuando se dio cuenta que se había vendido como taxi boy primerizo, se levantó de su asiento cual macho cabrío y dijo "vamos a comer, gastémonos esta plata porque ya no la quiero, vamos a ese restaurant donde siempre has querido ir".
Llamé por teléfono y reservé una mesa en el gran CARUSO
Caruso es un restaurant de comida chilena ubicado en subida Cumming, en una casa antigua que se le ha dado una decoración estilo colonial, pero a la vez moderna. Es muy sencillo y pequeño, las mesas de madera brillan debajo de la linda combinación blanco/terracota de los manteles. En el centro hay una bosca, que entibia el ambiente porque como toda casa colonial, un podría c...se de frío.
En la entrada hay una especie de bar donde se encuentra uno de los meseros y nos pregunta si tenemos reserva. Nos indica nuestra mesa y de inmediato va otro mesero a dejarnos la carta.
I. Appetizers y bebidas:
Debo decir, que hasta la carta es sencilla y sobria. Impresiona un poco porque son pocos platos para elegir, pero recordamos los dichos de mi primo chef, que dice que sólo se puede confiar en un restaurant que ofrece pocos platos. Lo otro que impresiona es que los platos son descritos son extrema sencillez, nada de los típicos "filete en costra de sal del desierto y finas papas al romero en reducción de nosequé", que termina siendo carne con papas con romero espolvoreado.
Nos traen raudamente un pebre que estaba de pelos, mantequilla y para cada uno una mini marraqueta calentita y una mini sopaipilla. A mi Seba le brillaban los ojitos.
Yo pido una coca cola y Sebastián una cerveza Estrella Damm, Y una copa Santa Ema Cabernet Sauvignon (parece que quería olvidar su vejamen).
II. Entradas
Para picar, pedimos un tártaro de res. Al menos eso decía la carta, cuando nos traen un tártaro como si fuera un molde de arroz, de carne picada con mínimos trocitos de huevo duro, semillas de mostaza, ají verde, cilantro y limón, adornado con pancitos con vinagreta de albahaca y lechuga. Debo decir que esto, es lo más rico que he probado en mucho tiempo, y por un precio más que módico. Por favor, si va a Caruso, PIDA ESO!. Quedamos impactados y felices.
III. Plato de fondo
Creemos que acá lo que la debe llevar, es un pescado a la lata que ofrecen, pero el viernes había tenido una cena de la oficina donde comimos mucho pescado, así que no nos dio el cuero. Yo pudo un ceviche de mariscos y Sebastián un Lomo con papas cholas. Una vez más, el ceviche viene en un recipiente dentro de un plato que también lleva pan con la vinagreta de albahaca y una ensalada chilena, pero de tomates cherry. Y
el ceviche más bien, diría yo que era un mariscal: camarones ecuatorianos, choritos, erizos, machas y pulpo, bajo cebolla morada, y aliñado con romero y quizás qué más, que lo hacía fancamente increíble. El lomo de Sebastián tenía el sabor rico del lomo, pero la textura suave de un filete, y venía acompañado por una suerte de pailita de cobre con papas cortadas en trozos, quizás con crema...bueno, no alcancé a verlas ni a probarlas porque fueron engullidas con rapidez y su comensal no supo decir qué tenían, pero sí dijo que eran "ricas!", también venía con una chilena al aceite de oliva, pero esta vez con tomate tradicional.
el ceviche más bien, diría yo que era un mariscal: camarones ecuatorianos, choritos, erizos, machas y pulpo, bajo cebolla morada, y aliñado con romero y quizás qué más, que lo hacía fancamente increíble. El lomo de Sebastián tenía el sabor rico del lomo, pero la textura suave de un filete, y venía acompañado por una suerte de pailita de cobre con papas cortadas en trozos, quizás con crema...bueno, no alcancé a verlas ni a probarlas porque fueron engullidas con rapidez y su comensal no supo decir qué tenían, pero sí dijo que eran "ricas!", también venía con una chilena al aceite de oliva, pero esta vez con tomate tradicional.IV. Postres
Quedamos tan impresionados con la sorpresa que era cada plato, y atendido sus precios más que razonables en atención a la calidad, pedimos postre los dos. Yo pedí Arroz con leche y mi Seba Leche asada. Y bueno, ahí si que eran lo que decía la carta, ambos muy ricos, pero no impactantes! como el resto de la cena. De hecho a mí en el trabajo me dan una leche asada más ricca (señor repostero del concesionario del Soca, Ud. es mi pastor, nada me ha de faltar, la rica leche asada siempre he de recordar y mi alma reconforta!).
Lo bueno: La comida es memorable, los sabores se diluyen en la boca, es maravilloso. La atención un 7 y muy rápida.
Lo malo: Como es pequeño, el refrigerador está en el salón, por lo que a ratos se ve al chef paseándose hacia la cocina con los ingredientes que saca del refri. Es extraño, pero en verdad, a mi me da lo mismo. También quizás por su tamaño, no tenían 2 de los vinos que aparecian en la carta y que pedimos. Pero el que nos recomendaron al final era buenísimo.
Restaurant Caruso
Cumming, 201, Valparaiso
Cuenta: $26.000
Calificación: Volveremos sí, prometo llevar a mi papá a comer ese crudo!
jueves, 29 de julio de 2010
Pololeando en CARMENERE
En verdad, agradezco que Chile haya perdido con Brasil. No logro entender como lo hace la gente de aquellos países que avanzan de etapa para no perder su colon en el trayecto. Con Sebastián creo que no habríamos aguantado un partido más: esos días previos, las pesadillas la noche anterior y luego los 90 minutos de tortura. El partido con España nos causó una tensión tal, que aunque pensamos en salir a cenar para celebrar, en el trayecto decidimos mejor descansar, dormir bien, estirar los nervios y dejarlo para el sábado.
El sábado, después de ver todo el día FOX Sports, nos fuimos bañaditos y perfumaditos sin rumbo. Después de un rápido FODA, llegamos a SAMSARA. Estaba lleno, como siempre, pero la garzona nos dice que esperemos un poquito, ya que hay una mesa a punto de desocuparse. Para no parecer tan desesperados, salimos a tomar aire y esperamos en la esquina. Como TaxiSwingers. De pronto veo una pareja estilo Columbia estacionarse raudamente, bajarse casi corriendo y entrar a Samsara...corremos detrás, pero es demasiado tarde. Nos sonaron. Peleamos un rato echándonos la culpa recíprocamente mientras caminamos. Así fue como nos encontramos con una colorida pizarra con un menú tentador. En principio dudamos cómo es eso de un "menú del chef" como única opción?. Y entramos a ver.
CARMENERE es una casa antigua típica de Cerro Alegre, o mejor dicho, el linving de ella. Sólo hay 4 o 5 mesas y un garzón. En verdad, este restaurant se toma muy en serio el concepto "minimalista". Llega el garzón quien es un joven muy atento y que está muy bien instruido en su rol. Efectivamente hay un menú del chef como única opción, sin embargo, hay dos alternativas en cada plato. Humildemente pensando en nuestro público, pedimos un plato cada uno para conocer todas las opciones.
I. Appetizers y Bebidas
Pedimos nuestro menú y las bebidas: Coca cola, Kunstman Torobayo y una copa de vino. Todo bien servido, aunque se demoran un poquito. Estamos extrañados: no nos han traido pan, pero no importa, como el lugar es bien romántico, nos relajamos. Un buen rato después nos traen una cesta de triangulitos de masa y unos recipientes pequeños con una salsa que parece aceite de oliva tibio, pero sabe a pimentón (muy rico!!) y una especie de crema mayonesa/ajo/cilantro.
II. Entradas
En la pizarra se ofrecía lasaña de ostiones, pero nos indican que se acabó, por lo que mi Seba pide unos tortelini de pollo con salsa de pistachos y yo pido el tartaro de salmón a la naranja. Después de muuucho rato, vemos con ansiedad que llegan los platos de los que estaban antes que nosotros, asi que nos vamos preparando porque se ve prometedor...Los Toretellini eran una porción no tan pequeña en un plato de forma muy graciosa, y estaba muy suave, justo para ser un plato entrante. Mi Carpaccio una delicia: era raro, pero rico que los filetes de salmón estuvieran remojados en jugo de naranja, y el sabor tenía un detalle de suavidad increíble dado por pequeñísimos trozos de pera y de palta.
III. Platos de Fondo
Verdaderamente esperamos mucho rato por los platos de fondo, pero asumimos que andabamos de pololeo, entre el vinito, la buena música y la ambientación, más la rica entrada no se hizo tedioso. A Sebastián le traen su Róbalo grillado con papas camote crujiente en reducción de oxtail al carmenere, que era exactamente lo que su nombre indica. En Cuba descubrimos esto de las papas camote que es realmente exquisito. El pescado como todos los pescados y la reducción estaba buenísima. Aunque no soy fanática de la carne, pido Filete glaceado al ajo con gnoquis de calabaza en salsa roquefort. Aunque el plato se veía pequeño, el trozo de carne era muy alto y estaba en su punto preciso. El glaceado se me perdió, pero ciertamente lo había olvidado mientras untaba los gnoquis en la salsa. Sebastián prueba mi plato y opina que está mejor que el suyo. Me da pena así que le dejo un poco de carne para que no siga haciendo pucheros en frente de la gente (recordar que son solo 5 mesas...).
IV. Postres
Nos preguntan si vamos a querer postre. Sebastián duda que esté incluido en el menú porque lo encuentra muy barato y dice no gracias, Yo le insisto que sí es parte del menú y lo pido. Se adhiere con titubeos ( y miedo!!). Tras otro buen rato, traen los platos don los trozos delgados de algo que parece un queque con figuras geométricas en blanco y negro. Supuestamente era Torta de chocolate y coco, pero yo no sabría calificarlo; era uan suerte de bizcocho de chocolate por los bordes, relleno con helado de coco por dentro. De esta manera, al comer, se derretía el helado en la boca y quedaban el bizcocho con trocitos de coco. Experiencia grata al paladar.
Lo Bueno: Consideramos super buena la relación calidad-precio. El lugar el agradable, la comida rica y original. Sebastián se apura para decirme que lo mejor es que no dejaron entrar a cantar a la Tuna. No se si cuente, a mi me gusta la tuna. Creo que a él le perturba ver hombres con medias.
Lo Malo: El servicio es demasiaaaaaaaaaadddddddoooooooo leeeeeentoooooo. Es decir, hay que ir mentalizado en que se va relajado, a pololear, a conversar, porque de otra manera uno puede terminar tratando de comerse la mesa.
Restaurant Carmenere
Concepción 280 (Abtao c/Concepción)
Cerro Concepción, Valparaiso
Cuenta: $23.000 (El menú: entrada, plato fondo, postre= $9.500)
Calificación: Ciertamente volveremos, pero un día que tengamos harrrrrto tiempo.
jueves, 6 de mayo de 2010
Ebano: Trabajar en Valparaíso, II Parte
Para los seguidores de este blog, ya habíamos comentado con anterioridad acerca de la dificultad de encontrar un lugar B,B&B para la colación dentro de la extenuante jornada de trabajo en nuestro querido puerto. Así nos pasamos pululando por diferentes lugares: Wallstreet, donde se come aceptablemente con un servicio muy rápido. Aquisí, con un novedoso sistema de autoservicio, que permite elegir entre variedad de platos (y abultar la cuenta al verte tentado), Vitamin Service, donde generalmente la comida es muy buena, tradicional, pero el servicio es un poco lenteja (para cuando uno tiene 1 hr para almorzar). Puerto Sushi, caro y no muy bueno; mucho mejor el Kuukai de Plaza Victoria, el cual sin embargo hay días que tiene unas sopas "demasiado" novedosas para nuestro paladar o creaciones con cochayuyo que en lo personal, no me gustan. Sebastián chista que sí le gustan. Bueno, empate. Y el Mora, donde se come rico, pero cuya frugalidad obliga por ejemplo, a mi señor esposo a recurrir a un cerro de sopaipillas callejeras a las 16.hrs para salvar el regreso del hambre. Lo cual obviamente, no es conveniente.
Por culpa de un libro que se llama Padre Rico, Padre Pobre, y las aplicación irrestricta de las recomendaciones de éste en mi oficina, decidí unirme al grupo de cesantes de Chile (Cesante pero digna!), además, el sueldo de Sebastián sirve para manterme a mí y varias familias más (...en Uganda, según he leído). Así las cosas, mi último día de trabajo era el 5 de mayo, día que acordé juntarme a almorzar con un amigo Ingeniero Comercial, a fin de hablar de eventuales negocios futuros, atendido que ahora tendré tiempo para imaginar diversas formas de sobrevivencia.
Me indica que nos juntemos en Blanco con Melgarejo a las 13.10. Debo decir que nací en Valparaíso, pero aun no me aprendo sus calles (mejor me hubiese dicho : cerca del Irlandés, o al lado de la Ex Raya...etc.), así que llegué con algo de atraso. Me dice entonces mi partner, que almorcemos en una "picada" que conoce, justo en esa esquina.
Y una vez más el Sr. Murphy se hace presente en mi vida, cuando después de trabajar un año en Valparaíso sin saber donde almorzar, encuentro este lugar preciso el último día...
Entramos a un local más bien pequeño llamado "Ébano". Yo estaba muy suspicaz, pues en sus afueras tenía una pizarra anunciando el menú con tiza de colores. Menú que parecía muy moderno y a un precio muy módico. La infraestructura es una mezcla extraña de estilos, hay un bar muy bonito de madera, donde está la caja, lo demás es mobiliario típico de restaurant de colaciones. Como es pequeño, atienden sólo 2 personas. Viene Peregrin Tuk. Deja una canasta con dos panes estilo rosita pequeños, y una salsa de mayonesa, ajo y cilantro ñam! exquisita. Luego, nos traen a cada uno un vaso largo de jugo de manzana recién hecho. El mío aún trae trocitos de manzana y espuma. Helado. Muy dulce. Buenísimo. De entrada, hay que elegir entre crema de choclo o tortilla de zanahoria. Ambos optamos por la primera. Minutos después llega nuestra sopa en unos recipientes muy graciosos. Son Gigantes, hondos, como un casco, dificultan un poco el comer, pero está bien: son divertidos. La sopa, rica, como cualquier crema de choclo. El verdadero impacto viene por el plato de fondo. Había que elegir entre Pollo a la naranja con verduras cramelizadas o Carne estofada con papas salteadas al romero. Se demoran un tanto, pero no demasiado, y nos traen la comida en un buen emplatado, colorido y adornado con merkén. Mi plato, veduras caramelizadas con un tuto de pollo, estaba buenísimo. Quiero hacer hincapié en que estas verduras caramelizadas estaban realmente buenas, porque estaban en su punto justo, las berenjenas sobre todo estaban realmente sabrosas. Mi partner comenta que la comida está buena, pero a fin de pavonearse, dice que "ha tenido mejores días"....Finalmente traen postre: en un pequeño vaso de vidrio, flan de sémola con leche, que estaba rico, salvo por la gota de salsa de berries que le echaron encima y que estaba demasiado ácida.
Pero la mejor parte lejos fue, cuando retiraron los platos, fuimos a pagar a la caja, y el total para 2 personas era $4600. Por una comida rica, saludable, bien servida y que no me obligó a recurrir a tentempiés hasta la hora de once. Increíble.
Restaurant Ébano
Blanco con Melgarejo
Cuenta: $4.600
Calificación: Volveré obviamente
martes, 30 de marzo de 2010
A la Sazón Peruana
Debo reconocer que hace unos días fui a almorzar a Le Filou de Montpellier, y los entretendría con las cositas ricas que comí allí... pero no fui con mi señor esposo sino con unas tías, y siendo yo una mujer casada que debe total sumisión a su macho proveedor, no me referiré a tal experiencia. Me referiré en cambio al almuerzo del día sábado 27 de marzo.
No es que celebráramos un mes de haber sobrevivido al terremoto, sino que mis padres decidieron celebrar sus 39 años de matrimonio "sólo almorzando" ( y no jugando a los tragamonedas, claro....) en el Casino de Viña. En consecuencia, por primera vez desde que comenzó nuestra convivencia conyugal, nos encontramos un sábado sin tener donde aterrizar nuestros paracaídas y mandíbulas. Me predisponía a cocinar cuando Sebastián, espantado al darse cuenta que tendría que lavar, propuso que fuéramos a conocer La Sazón Peruana.
La Sazón Peruana es un restaurant ubicado en el Plan de Reñaca. Creo que el único que ha mantenido su nombre y su giro por buen tiempo, lo cual supusimos que es buena señal. Afuera una pizarra indica un menú a $5.500 que parece bastante decente: tomate relleno/reineta oriental/suspiro limeño. Entramos, hay mesas disponibles en un lugar bien acogedor. Nos sentamos en la ampliación del patio para tener más luz, aunque ciertamente nos terminamos sofocando. Los mozos estilo "joven universitario" se acercan raudos y atentos. Atendido el estado de catástrofe sabía que mi deber moral era pedir el menú....pero la Carta me tentó. Sebastián no tiene moral para comer así que derechamente pidió la Carta.
I. Appetizers y Bebidas
Como nos estábamos achicharrando, pedimos coca cola. Bastante pronto nos traen las botellas de 350, una panera con pan de mesa cortado en trozos y una salsa de cilantro muy cremosa. Rica.
II. Entradas
Estábamos muy hambrientos asi que pedimos directamente el plato de fondo :)
III. Platos de Fondo
Creo que Sebastián tenía todo premeditado. No se demoró ni cinco segundos en decir que quería Ají de Gallina. Yo dudé mucho rato entre los platos y sus fotos en la carta, todo parecía placentero, hasta que me decidí por un Picante de Camarones. Otra vez, sin esperar mucho, nos traen nuestros platos. Un emplatado sin pretensiones; simplemente una gran cantidad que ocupaba tooodo el plato. EL Ají de gallina era una gran cantidad de el propio ají de gallina acompañado por una porción de arroz. Ningún agregado raro, ni una ramita de perejil, pero el sabor del ají de gallina estaba realmente rico. El mejor que había probado hasta ahora. Mi Picante de camarones era básicamente lo mismo que el ají de gallina: crema, queso, nueces y leche en una base de pan, con gran cantidad de camarones ecuatorianos y bien picante, pero no demasiado. Debajo de la pasta, encontré dos mitades de papa cocida, aunque según la carta podría haber elegido entre arroz y papas, pero en fin. Pese a que los ingredientes básicos eran lo mismo, cambiando sólo pollo por camarones, los sabores eran muy diferentes, siendo mi Picante más suave que el Ají. Pero ambos, muy ricos. Lástima que al ser servidos en platos nrmales y ocupando tanta extensión, la comida tendió a enfriarse demasiado pronto. Quizás sería una buena idea aplicar paila de greda. En lo personal encontré los platos grandes, pero Sebastián terminó y comenzó a comerse mis papas y mis amarones por lo que supongo que no quedó del todo satisfecho. Claro que también, diría yo que él no es precisamente un parámero de normalidad en este aspecto...
IV. Postres
No pedimos postres en honor a la reconstrucción nacional.
Lo Bueno: La comida es muy rica, hay variedad de platos, la atención es buena y rápida.
Lo Malo: Los platos de fondo son un poco caros a nuestro juicio, considerando que es cocina tradicional. Y hace falta que haya música peruana puis!!!
Restaurant La Sazón Peruana
Av. Borgoño 15279, Reñaca.
Cuenta: $18.900
Calificación: Probablemente volveremos.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Al sol en el Club de Yates de Quintero
El sábado teníamos mucho que celebrar: nuestra semana de casados, mi cumpleaños y la rehabilitación amorosa de una amiga. Como sobró algún ron y algún vino, más varios kilos de punta picana de nuestro evento, lo llevamos como aporte a una "parrilla sin fin" que hicimos en Valle Alegre.
Por razones que ya podrán imaginar, al día siguiente, varios personajes de esta historia propusieron almorzar una buena paila marina. No habiendo tenido aventuras culinarias previas en Quintero, hicimos un par de llamados telefónicos y nos recomendaron el Club de Yates de Quintero.
Hacemos nuestra entrada grupal intentando poner buena cara (y siempre sin sacarnos los lentes de sol) y quedamos gratamente sorprendidos. Por fuera la entrada es una simple muralla pintada, y por dentro hay dos comedores: un interior bastante piola, y un exterior simplemente exquisito. Prácticamente dentro del mar, con los juguetes náuticos adornando y el pleno sol amainado por sombrillas. Nos atienden de inmediato de manera muy amable, el mozo participa de los chistes y tallas con picardía. Nos traen la carta, típica de hojas plastificadas, con platos clásicos.
De pronto tuve una imagen digna de película: En una gran mesa redonda, al solcito y frente al mar, estaba sentada con mi marido y mis dos mejores amigas con sus respectivos pololos. Una de ellas se casa en 2 semanas más, y la otra, que ya creíamos un caso perdido por su adicción a las tartaletas, bizochos y pasteles agrios en general, por fin nos trajo un buen cabro. Así las cosas, por un rato imaginé los créditos apareciendo sobre nuestra imagen en algo que podría ser como el capítulo final de Shilean Sex&City o El diario de Bridget Jones III.
I. Appetizers y bebidas
Nos tratan muy bien, traen varios pocillos de pebre fresco y otros de aliolí. Paneras de pancitos redondos que reponen cuando mi marido acaba con todo, para variar. Varios platos de limones trozados, más que suficientes. No sé por qué...pero nadie pidió vino; sólo bebidas. Un néctar incluso algunos...todo en correctas botellas de 355cc, que por motivos desconocidos, se hicieron insuficientes.
II. Entradas
Pedimos unas machas a la parmesana para comenzar. Pese a lo clásico del restaurant, las traen en un muy lindo emplatado y las machas están buenísimas y a muy buen precio (aprendan, Colombina y Jaiba Cordero!). Con harto queso, pero no demasiado.
III. Platos de Fondo
Algunas personas criticaron a los que pedimos Paila Marina por ser demasiado pesado. Bueno, esas personas pidieron claro, algo mucho más light: Pastel de Jaiva.
Para los que leyeron nuestro review de La Gatita...ESTO ERA LO QUE YO QUERÍA COMER ESE DÍA. Esto es lo que yo entiendo por paila marina: un recipiente hondo de greda, con una sopa de pescado y mariscos FRESCOS, en su concha, y no choros de TARRO. Esta Paila tenía machas, choritos, almejas, la mayoría en su concha, y tabién gran cantidad de camarones. Abajo yacía el pescado, que no fui capaz de comer completamente. Hay que decir, que es una paila bien natural, con el sabor propio de los mariscos y muy poco aliño.
El pastel de Jaiva venía tal como me gusta: hirviendo, burbujeando en su fuente de greda. Obviamente, Sebastián no se aguantó y se quemó la lengua. El pastel era bien cremoso, con abundante carne de jaiva desmenuzada pero Sebastián hizo la crítica que sólo él podría hacer: "debería tener más pan". En fin, nosotros opinamos según nuestro paladar, y no me hago responsable del amor por el pan que tiene mi señor esposo.
IV.Postres
Los postres en general también eran los clásicos, y los que realmente habían diferían un poco de lo señalado en la carta, pero como acá parece que en verdad entienden lo que es atención al cliente, a nuestros amigos complicados prácticamente les hicieron un postre a su medida, por el mismo precio. Nosotros pedimos celestinos y wow, nos traen los panqueques y el helado en un emplatado muy, pero muy bonito, con salsa de berries incluída y muy abundante. A prueba de golosos.
Lo bueno: La atención; simpatía, rapidez y eficiencia. El lugar, realmente agradable. Los platos abundantes y bien presentados. Todo rico y sin pretensiones. Precios más que razonables.
Lo malo: Una de las mesas de afuera no tiene sombrilla!!
Calificación: hay que puro volvers!!!!
Club de Yates de Quintero
Avenida 21 de Mayo, 1215, Quintero
Cuenta: $58.000 (Para 6 personas!)
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